“Era uno de los tantos días en la casa de San Telmo. Mi padre estaba al llegar y ya se notaba la tensión en el aire. Momentos después comenzaban los gritos y las peleas. La desvalorización estaba a la orden del día, todos éramos unos inútiles y nuestras razones y sentimientos no eran validos.
Nunca me sentía a la altura de las circunstancias y esto se expresaba con una profunda angustia o malestares corporales persistentes-dolores de estomago, cefaleas, mareos, contracturas Y ese olor raro en papa, que nunca terminaba de descubrir (o no lo quería descubrir).
Los amigos el afecto el dialogo y los placeres normales de la vida eran huéspedes que no solían entrar en mi casa. Y el temor siempre estaba dando vueltas por ahí, en el rostro de mi madre, de mis hermanos o de mí.
La tristeza y toda una serie de conductas absurdas envolvían el misterio de toda mi familia. Ese misterio se llamaba ADICCION”.
A.N.
(caso clínico; 2009)